El 10 de Febrero de 2016, (Miércoles de Ceniza), la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Soledad viste “de Hebrea” por primera vez,  y durante toda la Cuaresma, a María Santísima de la Soledad,  coincidiendo con el año conmemorativo del 50 Aniversario de su creación.

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El origen de esta vestimenta está en los años 20 del siglo pasado en Sevilla, cuando el artista Juan Manuel Rodríguez Ojeda vistió de esta forma a la Virgen de la Hiniesta.

Pese a que muchos consideren la usanza hebrea como una forma de representar la vestimenta de la época o bien para simbolizar la humildad de María Santísima, lo cierto es que Juan Manuel creó esta nueva forma de vestir a las dolorosas, debido a la escasez de ajuar con que contaba la Virgen de la Hiniesta. La costumbre se generalizó a partir de los años 50, alcanzando hoy a la práctica totalidad de las Dolorosas. Sin saberlo, o quién sabe, Rodríguez Ojeda creó en 1925 la vestimenta que posteriormente se le llamaría “de hebrea”.

La imagen de María Santísima de la Hiniesta de Sevilla fue la primera en lucir este atuendo, y posteriormente, en los años 60 y 70 del siglo XX los Hermanos Garduño definirían el vestir de la Esperanza Macarena otorgándole una personalidad propia en su atavío, perfeccionando el atuendo de hebrea y haciéndolo mucho más artificioso y milimétrico. Con algunas variaciones, este es el modelo que se ha exportado a la práctica totalidad de Vírgenes españolas, y el que permanece en la actualidad.

La vestimenta “de hebrea” sigue un mismo modelo con leves y contadas variantes. Para vestir a la Virgen de Hebrea, la tradición indica que sea vestida con:

– Saya de terciopelo rojo granate, ceñida en la cintura.

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– Fajín con rayas de vivos colores rematados por flecos, que se anuda sobre el vestido.

– Manto azul de raso en origen pero también terciopelo, con las vueltas blancas.

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– El tocado es un tejido dispuesto en forma de tablas, generalmente tul o raso, aunque en la actualidad se utilizan otros muchos tejidos sin perder el espíritu original.

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 – La Virgen carece de corona, sustituida en esta ocasión por una aureola con doce estrellas, aunque a veces luce diadema.

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– Al pie de la Santísima Virgen, un elemento imprescindible: la corona de espinas y los clavos en recuerdo de la Pasión de Cristo.

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El conjunto recuerda la Inmaculada Concepción de la Virgen, no sólo por las doce estrellas, sino también por el colorido, ya que el rojo jacinto y el azul cobalto eran los colores inmaculistas originales, sustituidos posteriormente por el blanquiceleste.

Material fotográfico: Guillermo Jímenez

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